Los 29 son los nuevos 20. Y punto

1986. Somos de la generación que creció con la sintonía inicial de Barrio Sésamo, veía los Frutis y aprendió inglés con Muzzy, big Muzzy. La expo de Sevilla y las Olimpiadas nos pillaron pequeñas. Pero sí, las hemos vivido. Somos de la generación que viajábamos en el coche de pie o cuatro sentados en el asiento trasero. Que utilizaba las diademas y cintas del pelo, como complementos indispensables a los ocho y nueve años. Y que merendaba siempre.

Comenzamos poniéndonos ¡3 cm de tacón con 15 años! y ya te creías lo más. Pasamos a los cinco centímetros camelándote a tu madre y a escondidas de tu padre. Así sabemos andar con tacones… porque la progresión fue lenta. Se llevaban, por cierto, los botines de licra. (Ho-rror).

Hemos salido por discotecas light con pesetas cuando se podía beber con 16 años para luego pasarnos a los euros y colarnos en las sesiones para mayores de edad. Nuestra primera copa sólo aportaba calorías: Coca-Cola con granadina. Toma ya. Para pasar después al Martini con limón, al Licor 43 con piña o, como muestra de la máxima madurez, un vodka con naranja… El ron en vaso de cumple-mini-tubo de plástico llegó más tarde (y ahora no hay quien nos saque del gin tonic en copa de balón). Y hemos hecho muchos botellones, que, con cierta edad, empiezas a llamar copas. Somos reserva del 86, una gran añada.

Parece mentira, pero el tiempo pasa para todos, aunque algunas nos conservemos de lujo. 1986-2016. Este año cumplimos 30. 30. 30 años. Si somos tan pequeñas… ¿30 qué? Si yo soy mucho más joven. Pero mucho.

En fin. Para celebrarlo, que esta vida sin celebraciones por todo es más aburrida, hemos organizado una despedida de los 29. Tal cual. Sin miramientos. Ni novios (ni maridos ni niños, que también hay alguna osada…). Sólo nosotras.

Destino: Lisboa, por proximidad, precio, por los portugueses (y su amabilidad), por sus calles empedradas, sus discotecas, su ambientada (calle) Cais do Sodré, su tranvía… Y ahí que nos plantamos a despedirnos de tan gran década y comenzar otra que será, seguro, igual de divertida y emocionante. Lo único que con cada vez más obligaciones y problemas. Eso es que nos hacemos mayores.

Para gosssshar del fin de semana, diseñamos estas chapas. Nuestro actual leitmotiv: los 29 son los nuevos 20.

Y triunfamos.

Un par de referencias que añadimos en Lisboa. Para salir, muy muy muy divertida la Cais do Sodré, una calle paralela al río de alfombra rosa, muy ambientada, repleta de bares con copas a precios razonables... Como discotecas, siguen siendo las más animadas Urban Beach (aunque cada vez está más llena de niños... ¿Será que todos crecemos? En fin...) y Lux. Hace pocos meses abrió Bosq. También está fenomenal, pero tiene música menos comercial y casi siempre en portugués.


Y confirmamos que el restaurante Pharmacia es muy muy recomendable, un local pintoresco con mucho encanto. La comida está muy rica (estupendas las berenjeras, las mini hamburguesas, imprescindibles las patatas fritas... e imperdonables los postres). Gran opción, sí.

¡Por otros 30 años igual de divertidos que los primeros!