Despedida de soltera en LISBOA, triunfo asegurado

Lisboa es una ciudad óptima para una gran despedida de soltera (como lo es Córdoba en territorio nacional): es una urbe de tamaño asequible con suficientes restaurantes a la última a precios moderados, con muchos bares de copas y discotecas divertidísimas y, sobre todo, es una gran opción por los portugueses, que son ENCANTADORES

En nuestra pandilla de amigas repetimos destino e hicimos coincidir el fin de semana con las grandiosas fiestas de Santo Antonio, el santo casamentero y patrón de la ciudad

Lo primero de todo, el alojamiento. Para toda despedida de soltera o de soltero siempre es más aconsejable alquilar una casa que ocupar toda una planta del hotel. Es más divertido, cómodo y más económico. Para Lisboa, recomiendo una y mil veces esta casa. La señora, María, es amorosa, contesta a los mensajes al instante y sólo muestra facilidades. El piso es ESPECTACULAR. Situado a 50 metros de la plaza del Marqués de Pombal, en pleno centro, posee cuatro dormitorios y 10 plazas. Está limpio, nuevo, te lo entregan con sábanas y toallas y está ideal decorado (de hecho, el vinilo de Santo António es de sus paredes). Dan ganas de pasar en él más de un fin de semana (y de un mes). Y el precio, inmejorable, y eso que el fin de semana del 13 de junio es probablemente de los más solicitados del año: unos 50 euros por persona/ dos noches. Contando que a la novia se le invita... No puede estar mejor.

Al ser una casa con su cocina, te permite preparar una cena, tomar unas copas y ya salir lista para quemar la noche portuguesa.

El primer día disfrazamos a la novia, Jorgi, de bañista, que su futuro marido es aquaman y se cruza el estrecho de Gibraltar a nado por causas benéficas. Y, el segundo, de exploradora intrépida, como el de Up que perseguía gamusinitos.

Antes de comenzar la actividad programada, repartimos los kits de supervivencia que había diseñado en especial para este fin de semana de amigas: KIT&FUN de Exploradoras Intrépidas.

Los kits personalizados incluían en el interior de una mochila de viajera: un sombrero para el sol o la lluvia (y llovió), una pañoleta de it-girl-scout, una chapa tamaño XL que confirmase que éramos unas verdaderas exploradoras intrépidas, un vaso/ cantimplora super molón que todo Lishboa envidiaba y una mini botellita de alcohol.

Como juego divertido, contratamos un peddy paper con The Fun Plan, una especie de gincana de preguntas y pequeñas pruebas por la ciudad (dura cuatro horas y recorrimos 10 km). Un plan muy de aventurera, como la novia. El plan es divertidísimo, quizás algo largo para una mañana de resaca, pero muy muy recomendable. Te ríes muchísimo. Y la organización de 10.

Como era el día de Santo António de Padua, y encima era una de las pruebas puntuables, le pusimos las velas más grandes que encontramos para pedir por un buen casamento (el de Jorgi primero, pero luego también por el resto).

Por la noche cenamos en Pharmacia, un restaurante top decorado como una antigua botica. Los menús son recetarios, las botellas de agua parecen frascos medicinales y la hielera es un vaso medidor de productos químicos. Una monada de local con platos internacionales y personal extremadamente amable, como todos en Portugal. Qué gusto.

Para salir, aprovechamos las animadas fiestas del patrón de la ciudad, del santo casamentero. Los lisboetas decoran las calles estrechas de sus barrios más angostos y empinados con girnaldas de colores y en cada esquinita o balcón improvisan un puesto de cervejas, copos y bifanas a precios más que razonables (los portugueses no son como el típico listo que vende bolsas de hielo en Piraguas, Ribadesella, al rico timazo de 6 euros).

Nosotras triunfamos con nuestros vasos del kit de supervivencia. Nos iban parando para preguntar dónde lo habíamos comprado. "Pues en www.partycolare.es". 

Como discotecas de mejor ambiente siguen triunfando las mismas que hace dos, tres veranos. Es decir, Urban Beach (Av. Brasilia), la más comercial con temazos hasta de perreo en español, y Lux (Av. Infante Dom Henrique, 1950-376), más elitista y ecléctica con música electrónica y que triunfa al amanecer. La primera funciona como muchas discotecas portuguesas: a la entrada te entregan una tarjeta en la que te cargan todas las consumiciones de la noche con un gasto mínimo de 12 euros, que vienen a ser dos copas. Si se pierde la tarjeta te cobran 50 euros. Ciudado. De la segunda habemus pocos más datos económicos porque siempre he ido por esta cara bonita, o sea, gratis. En Lux ni si os ocurra intentar entrar disfrazadas o organizando follón, que son excesivamente estrictos y te impiden la entrada a la mínima. Y luego dentro hay cada pieza...

Ojo, en Lishhhboa (y en el Algarve, que no en Oporto) no se estila el ron negro. Si pides una copa de ron te sirven sin preguntar un Havana Club ¡blanco! En el extranjero lo más acertado suele ser pedir ginebra. Hay que tener en cuenta que la calidad de las copas que ponen en España es irrepetible. Es Lisboa, hasta en las mejores discotecas, sirven los copitos en vasos de cumple de plástico, con uno o dos hielos y con ¡refresco de grifo! Vamos, un horror. Pero la alegría del momento hace olvidar estos detalles de dudoso gushto.

Lo peor de la vuelta a España es la hora de más que el reloj añade al domingo nada más cruzar la frontera.

¡¡Gran GRAN gran despedida de soltera!!